Hoy ha amanecido uno de esos días de invierno sin nubes, con un sol radiante, sin viento. A la sombra te congelas, hay mucha humedad. Al sol, su tibieza te entona, su luz te deslumbra.
Hoy es un buen día para presentaros a la gente que me rodea. Tengo un círculo íntimo de personas allegadas que presenta características de familia, aunque a veces no lo parezca. Afectivamente son mi familia, pero socialmente es un ente amorfo, ni yo mismo entiendo su verdadera dimensión. Veréis: convivo con el amor de mi vida, una mujer valiente, espontánea, todo corazón, la llamaremos Leo. Convivo con ella y nuestra hija pequeña a quien en petit comité podemos reconocer como Baby Calpur (7 años), una personita llena de alegría y curiosidad, tan cariñosa como su madre. Además, Leo tiene dos hijas de su anterior pareja, a quienes bautizaremos en clave como Jaus y Pu. La mayor, Jaus, tiene 15 años y para no volver a hablar de ella (respetaremos su deseo de anonimato social, emocional, psicológico y afectivo) diremos solo que pasa 8 horas durmiendo, 8 horas en el instituto y otras 8 en su habitación conectada a su ipod, su móvil, su ds/psp, su ordenador en internet chateando y/o en tuenti. La menor, Pu, tiene 11 años y mucha curiosidad, mucha afectividad y muchas ganas de pasarselo bien. Benditas sean las tres y su madre (que las parió). Aprovecho para decir que su preciosa madre, mi Leo -con la que llevo conviviendo cerca de 8 años- es la orgullosa propietaria de una coqueta tienda de complementos aquí en la Atlántida. Verla desde fuera, a través de las enormes cristaleras de sus escaparates (la tienda hace esquina) me hace pensar en una sirena dentro de su pecera, tan rubia y con sus enormes ojazos azules.
Yo, por mi parte, también tengo tres hijos de mi anterior pareja: El Kitito (15 años), un hombrecito con mucha imaginación; la Princesa Pata (14 años), delgadita y guasona; y el pequeño Frito (11 años), un aventurero en miniatura. Otros benditos.
Y a mí... Bueno, aquí me tenéis, pagando recibos, facturas, hipotecas, comida, gasolina, impuestos, pensiónes alimenticias... Y a pesar de ello (¿O tal vez por todo ello?) inaugurando este blog con ilusión...
Ah qué día tan hermoso...
Para celebrarlo voy a enseñaros una escena de la pelicula The Blues Brothers en que Ray Charles canta "Shake a Tail Feather" (algo así como "mueve la pluma de la cola") y que es la preferida de mi Fritito...
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